Conclusión El análisis del espacio terrestre y aéreo confirma que la soberanía sigue siendo un principio central del Derecho Internacional; sin embargo, su ejercicio en el siglo XXI se ha vuelto más complejo, dinámico y sofisticado. Ya no se trata de un poder absoluto e inmutable, sino de una capacidad que debe adaptarse constantemente a los cambios del entorno global. En este sentido, el Estado moderno enfrenta el desafío de equilibrar dimensiones que, en apariencia, pueden resultar contradictorias, pero que en realidad son complementarias para una gestión eficaz del poder. Por un lado, el Estado debe preservar su autonomía , garantizando su capacidad de tomar decisiones independientes en materia política, económica y jurídica. Pero, al mismo tiempo, necesita fortalecer la cooperación internacional , ya que muchos de los problemas contemporáneos como el cambio climático, la migración, la seguridad transnacional o el comercio global no pueden ser resueltos de manera aislada. Est...
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